A lo largo de la historia del pensamiento filosófico occidental, la educación ha sido objeto
de reflexión y de preocupación social, pero también de interés público y político por parte
de las naciones. Ha pasado a ser una parte medular en la estructura de las sociedades
modernas, ya que a través de ella se transmite la herencia cultural y se inculca un sistema
de valores, ideas y sentimientos que regula las pautas de comportamiento y de pensar de los
individuos en sociedad, cuya mayor sofisticación se expresa en la invención de la escuela,
en tanto aparato institucional creado para hacer más eficaz el logro de dichos fines.
Así que, referirnos a la educación como realidad social es referirnos a una realidad
compleja que está constituida por una serie de prácticas, procesos, contextos, sujetos o
agentes, instituciones, contenidos culturales, intencionalidades, fundamentos, ámbitos,
etcétera, que en conjunto hacen posible y dan forma a eso que llamamos educación como concreción sobredeterminada históricamente por factores políticos, sociales, culturales,
ideológicos, geográficos y demográficos. Esto evidencia el carácter multidimensional y
multirreferencial de la educación en tanto práctica y objeto de estudio, respectivamente. De
ahí que el estudio de la misma debe partir tomando en cuenta su complejidadi
.
Concebir la educación y su estudio desde una visión teórica o disciplinar única es
imposible, porque la problemática educativa en su conjunto rebasa lo unidisciplinar, lo
uniteórico, ello implicaría una especie de omnisciencia que explique ciertos hechos en su
totalidad, la cual también es imposible. Para Teodoro W. Adorno, “la totalidad” es la no
verdad, porque la totalidad es inabarcable, menos aún por una sola ciencia.
Así, son varias las disciplinas que intervienen en el estudio de lo educativo. Cada
una centra su atención en aquellas dimensiones que de algún modo les corresponde
directamente abordar. Por ejemplo, la biología daría cuenta de la estructura genética y
neurofisiológica del individuo a educar; la antropología trataría la relación entre las formas
de vida de los pueblos o comunidades y su educación; la historia aportaría información
sobre el desarrollo de la educación de una sociedad, de un estado o de un país en épocas
determinadas.
Lo anterior nos lleva a considerar que el estudio de la educación se caracteriza por
ser primordialmente interdisciplinar, ya que la investigación de los fenómenos sociales (en
este caso la educación) no es patrimonio de una sola disciplina, sino que requiere del
concurso de diversas profesiones que permitan con sus respectivos enfoques y herramientas
teórico-metodológicas un análisis más completo y consistente de los problemas (Rojas
Sorinano, 2000). Esto ha dado lugar a nombrar a las llamadas ciencias de la educación
(Ardoino y Mialaret, 1990), es decir, ese conjunto de disciplinas que, desde sus propios
campos de conocimiento y metodologías particulares, abordan algún aspecto de la educacion en particular.
autor: JORGE CACHÓN REYES
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